No hay nada que celebrar

jueves, abril 01, 2010

Mi cumpleaños siempre solía ser una fecha que esperaba con ansias. Durante los 364 días restantes me dedicaba a pensar que haría para el próximo, en qué lugar festejaría, quiénes serian mis invitados, etc. Sin embargo, hace ya dos años que el cumpleaños no se me ha hecho para nada grato.
No sé si pase porque uno entra en edad, se pone más vieja y mañosa o si simplemente de ser una fecha linda y agradable se transformó en un día en que no hay nada que celebrar…. Para qué? La llegada de la tercera década? El saber que uno va acumulando años como quien colecciona servilletas.
Hasta los 27 lo pasé estupendo. Rodeada de regalos, gente buena onda, fiestas y celebraciones por doquier. Pero algo cambió a los 28 y se mantuvo a los 29.
Las vacaciones de 2008 las recordaré con especial detalle. No sólo por los lugares lindos que conocí sino por la mucha comida que pude degustar en Perú. Comida que por cierto no me interesaba indagar más allá cual era su procedencia, por ende ya fuera en el terminal de buses de Tacna, en la calle o el restorán más ostentoso de Arequipa yo me dediqué a probar cuanto plato pasaba por mi nariz. Cuento corto, agarré una tremenda infección, algún estafilococo que me mandó directo al baño y a la cama con fiebre por varias semanas. A mi llegada a Santiago figuraba en la Urgencia de la clínica con suero y antibióticos a la vena.
No obstante mi enfermedad por golosa al tiempo de haberme mejorado me vino un lumbago de vieja. Un dolor que nunca antes en mi vida había sentido, porque jamás me había dado eso. Un problema de viejos.
Mis 28 años los recibí chueca y con pésima postura, algo que nunca olvidaré. Además del intenso dolor que uno siente en esas circunstancias es denigrante la invalidez que produce el estar con lumbago, si hasta estornudar duele… para que hablar de querer hacer algo más osado que eso. Simplemente no se puede.
El problemita del lumbago no se fue, al contrario cada vez era más seguido. Pasaba la aspiradora y ahí quedaba tirada en cama, limpiaba la tina y nuevamente. Al final era casi que no podía hacer aseo.
Cuando yo pensaba que este año las cosas podrían cambiar para mí lamentablemente me equivoqué. Ya que si bien no iba a poder estar de farra tremenda con los amigos porque semanas antes decidí ir a vivir a un país donde no conozco mucha gente, pensé que al menos iba a poder estar sana.
Pero no. Resulta que el hecho de salir del aire super contaminado de Santiago a un cielo más limpio me hizo peor. Y bueno no es porque me falte contaminación, la cosa no va por ahí. Sino que uno se acostumbra a su entorno, al aire, al clima del lugar donde vive. Te cambian de hábitat y mueres, debes aprender a convivir nuevamente con un clima extraño, húmedo y caluroso, lleno de zancudos fastidiosos que lo dejan a uno todo enronchado.
Frente a ese panorama tan alentador, y tratando de adecuarme al nuevo clima es que me agarré un resfrío de proporciones con fiebre incluida. Ahora, menos mal no fue el mismo día de mi cumpleaños, esta vez mi salud me dejó festejar ese día para mandarme a la cama dos días después. Súper!
El próximo año tengo cambio de folio. Una edad complicada quizás. A estas alturas creo que me da lo mismo ir sumando años, lo que me interesa es al menos estar sana para poder recibir mi próximo cumpleaños. Al igual que los abuelos celebran por pasar agosto.

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